martes, 21 de octubre de 2014

Tujami - Francisco Russo

LOS RECUERDOS DE UN GUERRERO

"¡Bravo Paraguay!", entona esta noche Francisco Russo_308449
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Los temas de la guerra y la patria, estrechamente unidos, son en Emiliano R. Fernández -nacido el 8 de agosto de 1894 y fallecido el 15 de setiembre de 1949 en Asunción- recurrentes. Buena parte de su producción poética se inspira en el fragor bélico que rodea a la Guerra Guasu y a la Guerra del Chaco.

El poeta no guarda distancia cuando aborda lo que para él es un valor supremo. Tampoco asume una postura crítica sino que adopta como íntimamente suyo aquello que relata o describe con la energía de su vigoroso verbo puesto al servicio de sus ideas.

En Tujami enciende el fuego de su fervor por todo cuanto signifique coraje y heroísmo. Aquí el protagonista es un excombatiente de la Guerra del Setenta. Lo encuentra en el camino y entabla con él un diálogo que, a ratos, es un monólogo del que peleó en las arduas batallas libradas contra brasileños, argentinos, uruguayos e, incluso paraguayos alistados en las filas enemigas, los que integraban la Legión Paraguaya.

Las pistas para conocer datos acerca de esos versos están dentro de la misma obra. Las referencias que Emiliano da con respecto al sobreviviente permiten concluir que la obra pudo haber sido escrita en 1931. El autor reproduce lo dicho por su interlocutor en la quinta estrofa y proporciona la primera pista temporal que es posible seguir: guerra oñepyrûvo che veinte áño aroguata. Significa que había nacido en 1845 puesto que los combates de la Guerra Grande comenzaron en 1865.

Otro rastro del tiempo ofrece Emiliano cuando, en la última cuarteta, afirma: ha nde avei rejuhúma ochenta y séi añohápe/ nde loátava ipurahéipe petei mitâ pyahu.

Atendiendo al dato inicial de los veinte años y al posterior de los ochenta y seis que el ex-soldado tenía cuando se produjo el encuentro, es posible deducir que el poema fue escrito en 1931. La música que le puso Andrés Cuenca Saldívar pudo haber sido ya después de la Guerra contra Bolivia que ya al año siguiente se desata.

La versión que en esta página se reproduce tiene 16 estrofas. Sin embargo, en las grabaciones su extensión varía así como el orden de las estrofas. Incluso, se observan «intervenciones» a la letra ya sea para acomodar a la melodía o para «corregir». Para muestra, baste un botón: en la segunda estrofa, segundo verso, el original -o, al menos, lo que parece ser atendiendo al dominio del guaraní que Emiliano poseía- dice: aipe'áma che akâo. La versión de los «correctores» reproduce: che sombrero aipe'ávo. El vocablo akâo (akâ ao, la ropa que la cabeza lleva) era de dominio público. Sombrero es un hispanismo que, con el correr del tiempo, fue sepultando a aquélla. En tiempos de Emiliano, sin embargo, tuvo que haber sido del conocimiento de muchos todavía.

Más allá de estas observaciones Tujami retrata al anciano que rememora sus vivencias de combatiente y abriga una esperanza

-¿vana?- en los «señores de la ciudad», políticos de promesa fácil, pero de palabras 


volátiles.

Obs: Francisco Russo, juglar del heroísmo paraguayo. Russo ha sido galardonado con el Ñandutí de oro 2008 y 2009. Por primera vez un artista gana dicho galardón por dos años consecutivos. En el 2010 el Poncho Para’i, evento realizado año tras año en la ciudad de Piribebuy. Este año fue premiado con la medalla Bicentenario Educativo, otorgada por el Viceministerio de Culto.

Acá la excelente y emocionante interpretación de Francisco Russo con imágenes del paraguay:



Texto tomado de Portal Guaraní

PUNTEÁDA OKÁRA - Juan Cancio Barreto




  • Alma campesina en cuerdas de guitarra.

Cuando uno se pregunta por qué una composición —con letra o no—, se adentra tan profundamente en el alma popular es difícil encontrar una respuesta abarcante. Cada obra que llega y se queda en el corazón tiene su encanto peculiar. No siempre resulta fácil expresar por qué se ama tanto una polca, una guarania, un rasguido doble. Sencillamente, entonces, se dice que tiene un ángel particular. El oyente-juez, al fin de cuentas, al adoptarla como suyo, es el que emite su veredicto. No hallará palabras para explicar lo inexplicable, pero le será invariablemente fiel.

Los intérpretes no son únicamente quienes escogen una creación musical para agregarla a su repertorio. Son también aquellos artistas que sintonizan con el sentimiento de su pueblo y eligen aquellas piezas con las que se comunican plenamente con los destinatarios de su quehacer interpretativo.

En la obra Punteáda okára se sintetiza ese mundo donde los dos polos —los del auditorio y el intérprete—, se unen magníficamente: por un lado para los amantes de la música popular paraguaya lleva alas de una magia particular y, por otro, es una niña mimada para los guitarristas porque saben que cada compás es un racimo de sencillez, belleza y esplendor cautivantes.

Enrique Coeffier Escobar —no Coffier como se simplifica con harta frecuencia, por desconocimiento—, es el autor de esa melodía infaltable en la destreza interpretativa del mbaraka mbopuha ysapy, campesino, y del concertista que frecuenta los exquisitos salones, pasando por sus diversos niveles intermedios.

Ese creador, de ascendencia francesa, miró su primer día de vida en San Estanislao (San Tani) el 19 de julio de 1919, según los datos coincidentes rescatados gracias a las memorias de su viuda Carmen Arnilda Da Costa Berino (apodada Perla), su hijo Luis Alfredo Coeffier (guitarrista, compositor y docente) y su hermana Nélida Coeffier de Recalde, directora de un colegio privado de nuestra capital.

“Era nuestro hermano de padre, que se llamaba Alfredo Coeffier y falleció en 1948. Nosotros no le conocíamos a Enrique y un buen día, muy jovencito, se fue llegando junto a nosotros a Santaní con su camión Chevrolet”, dice Nélida Coeffier de Recalde.

“Él era un músico extraordinario. No estudió nunca, pero tocaba con maestría, además de la guitarra —que era su instrumento principal—, el acordeón a piano, el bandoneón, el arpa y el piano”, recuerda en tanto doña Carmen viuda de Coeffier, quien conoció al que luego sería su marido en un tren, camino a Buenos Aires.

Relata luego que siendo adolescente Enrique ingresó a la Marina. Cuando su amigo inseparable —cuyo nombre desapareció en la bruma del tiempo—, le comunicó que se mudaba a la aviación, él no quiso quedarse solo. Juntos se trasladaron a la Aeronáutica. El santaniano, pronto, se convirtió en un avezado mecánico de aviones.

Dada su capacidad, fue escogido, entre otros, para usufructuar una beca de perfeccionamiento en San Pablo, Brasil. Allí Coeffier fue el mejor alumno, siendo contratado como instructor en la institución donde había sido estudiante.

Después de trabajar en el aeropuerto de Morón, Buenos Aires, se reintegró a la Aeronáutica Militar de nuestro país.

“Cuando nos casamos, en 1948, él ya había compuesto Punteáda okára”, rememora doña Perla. “Le gustaba tocar de madrugada, kay’uhápe (tomando mate). Era alegre y a esa hora componía y ensayaba sus temas”, añade.

“Cuando estaba de guardia llevaba su guitarra. Estar con él ahí era estar en una fiesta”, complementa su hijo Luis Alfredo.

“Lo que contaba con respecto a Punteáda okára es que veía y escuchaba en la campaña cómo punteaban la guitarra los artistas intuitivos. Ahí, en la manera de tocar de los músicos campesinos, se inspiró para hacer una melodía alegre, vivaz. Le gustó el estilo y lo reprodujo, a su manera”, acota luego.

El que divulgó Punteáda okára por todo el Paraguay fue Antonio Aguilar con su Cuarteto Venus. “Nosotros, en la década de 1950, escuchamos en una pensión de San Tani esa obra. La tocó un músico lugareño en guitarra. Yo no conocí a su autor, pero me dijeron que era santaniano. Nos gustó, lo grabamos en una vieja Geloso y, en solo instrumental, era parte de nuestro repertorio en Radio Guarani donde teníamos un programa animado por Rodolfo Schaerer Peralta”, cuenta el acordeonista Antonio Aguilar.

“La primera grabación es de Pepito Bordón y su Conjunto Las Tres Fronteras. Se hizo en San Pablo, Brasil”, precisa el músico y compositor.

El autor de Punteáda okára murió en trágicas circunstancias no investigadas ni aclaradas hasta hoy. Fue el 24 de octubre de 1962. Enrique Coeffier era, entonces, Teniente Primero y, de manera póstuma, lo ascendieron a Capitán. Su reló, a orillas del río Tebicuary, se detuvo a las once menos diez. La versión oficial del stronismo fue que murió ahogado. Y, entonces, no había que hacer preguntas. Solo disimular que se aceptaba esa causa, aunque no se la creyera.


Aqui Juan Cancio Barreto y su subrino en vivo: 


Texto tomado de Portal Guaraní

martes, 16 de septiembre de 2014

A 65 años de la muerte de un grande de la poesía paraguaya

  • Un día como hoy, en 1949, fallecía uno de los principales exponentes de la poesía y la polka popular en Paraguay, Emiliano R. Fernández.
Las letras de sus poemas escritos en “jopará”, la mezcla del guaraní de los habitantes originales de lo que ahora es Paraguay con el español traído por los colonizadores europeos, permanecen inmortalizadas en algunas de las canciones populares más emblemáticas del pueblo paraguayo. Un día como hoy, hace 65 años, dejaba de existir Emiliano R. Fernández.

Emiliano Fernández Rivarola nació el 8 de agosto de 1894, viviendo los años de su infancia en el pueblo de Ysaty. Allí permanecería hasta los diez años, cuando la revolución de 1904 lo obligó a mudarse a Concepción.

En la década de 1920, Fernández comenzó a viajar por Paraguay a la par que escribía sus primeros poemas, que fueron publicados en la revista literaria de versos y canciones populares “Okara poty kue mi”.

Habiendo hecho el servicio militar en sus años en Concepción, Fernández fue llamado a pelear en la Guerra del Chaco, formando parte del Regimiento de Infantería “13 Tuyutí” con el rango de soldado. Durante el conflicto con Bolivia que tuvo lugar entre 1932 y 1935, el soldado Fernández siguió escribiendo sus versos alcanzando gran popularidad. Participó en la batalla de Nanawa. Su participación en la guerra acabó al ser herido en combate y trasladado a Asunción.

Poemas hechos canción como Asunción del Paraguay, Pyharé amaguype, Tupasy del campo, Che la reina, 13 Tuyutí, Oda pasional ySoldado guaraní se volvieron a lo largo de los años obligatorias en fiestas, reuniones y eventos culturales en todo el país.

Su muerte vino en un incidente relacionado a su reputación de frecuente trasnochador, cuando en un altercado con otra persona fue herido con arma de fuego. Sus últimos días los pasó internado en el Hospital Militar de Asunción.

Fuente: ABC

Como anexo incluimos una de sus letras para que lo valoren:


LA ÚLTIMA LETRA



A ti flor de mi vida selvática azucena

co rojheya cuetévo adiós ndéve ta'e

la más triste palabra que en mi labio suena

co'agä rejhendúta che china ipajhaite.



Secaronse las flores de mi vergel soñado

jhacä piru paitema upe che yvotymi

el raudo torbellino impío y malvado

umi aipota vaecue oityma che jhegui.



Mi pobre vida enferma muriente ya dormita

mba'e mbyasy poguýpe che ara ajha'arö

y tú reina terrestre amada Belencita

upe nda che racjhúgui reipotane amano.



Amadme compasiva te imploro mi azucena

anína ne ñaña rejhacjhuramo nde sy

no ves mi pobre alma ya sumergida en pena

mba'éichapa ocái jha ochyryry.



Yo llevo tu recuerdo, recuerdo que en mi vida

oico vaerä che acäme mante iñongatupy

novela de una noche de luna esclarecida

ñaime ramo guare vy'ápe Tupäsy.



Y hoy sigo este sendero buscando ya el olvido

si nde nico che china nda che racjhumo'äi

por eso iré cruzando los llanos inconocidos

ajhechave'ÿ jhaguäme umi nde resa yayäi.



Y si mañana recuerdas a este bien perdido

ne año quena eguapy nde py’a pype ere

se fue aquel vidente errante inmerecido

ojhóma anga yvytüre jha anitamo ouve.



Yo quiero que tú borres mi nombre despreciado

ani umi rejhacjhúva che rérare ipochy


que queden para ellos la carne del pecado

co’agä che ajheyáva aicóre iyajheipy.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Ingratitud - Juan Carlos Oviedo y Los Hnos. Acuña

INGRATITUD (A UNA INGRATA)

Letra : EMILIANO R. FERNÁNDEZ
Música : ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR


ENCUENTRO ENTRE UN POETA Y UN GUAINO COMPOSITOR

-Ajuhu che ra'y ko letra pe aikoha rupi ha agueru ndéve (Encontré esta letra andando y te traje)-, le anunció BONIFACIO CUENCA a su hijo ANDRÉS CUENCA SALDÍVAR en Alfonso Tranquera, departamento de la Cordillera.

Andrés, feliz de la vida, según cuenta su sobrino VIDAL CABAÑAS SALDÍVAR (JOHNNY WALKER), se apartó en un rincón de su casa. Extasiado leyó la poesía y, mecánicamente, le fue poniendo melodía en su interior. No tendría más de 15 años entonces y ya era músico hecho y derecho, además de compositor. A UNA INGRATA se llamaba la obra escrita en una hoja de cuaderno. Luego, la intervención popular le llamaría INGRATITUD.

Don Bonifacio tenía una chata en la que, desde el río Yhaguy, pasando por el Manduvirá, transportaba por el río Paraguay -llegando hasta ltapirú, ya muy al sur-, esencia de petit grain, raja y carbón. En uno de los puertos, alguien le copió la letra que le había traído a su hijo con la secreta intención de que le gustara y le pusiera música.

En Benjamín Aceval acaba de terminar una carrera de caballos. El afamado guaino Andrés Cuenca Saldívar, se había olvidado ya de la presión recibida, de la corrida oreja a oreja del tramo final y de la victoria obtenida. Está en una cantina de los alrededores de la cancha, entregado a su otra pasión: la música.

Cuando termina de cantar, un hombre flaco y desgarbado, vestido de militar, lo retiene.

- Mávapa nde, mitã (Quién eres, mi hijo) -interroga el hombre

- Che hína Cuenca -replica el muchacho sin sorpresa –

- Mba'e valle (De qué lugar)

- Che hína Alfonso Tranqueraygua (Soy de Alfonso Tranquera)

- Mba'éicha rupi repurahéi A una ingrata (Cómo es que cantas esa canción)-, pregunta con voz que el muchacho percibe es de amenaza.

Allí, Andrés Cuenca Saldívar le cuenta cómo vino a parar la letra a sus manos.

- Máva mba'eha pe poesía nde ere (De quién crees que es la poesía)

- Ndaikuaaietevoi (No tengo la menor idea)

- Reikuaa haguã che ra'y péa che letra hína. Ascriviva'ekue MARCIANA DE LA VEGA-pe heta oñopûgui che korãsõ ha iñambuégui chehegui imborayhu. Che ha'e la EMILIANO R. FERNÁNDEZ hína (Para que sepas, mi hijo, esa letra es mía. Le escribí a Marciana de la Vega por los sufrimientos que ocasionó a mi corazón al no corresponderme más. Yo soy EMILIANO R. FERNÁNDEZ)

Andrés queda mudo, estupefacto. Había escuchado hablar de ese poeta, pero jamás pensó que la letra a la que le puso música sería de él.

- Ndaipóri problema mi hijo. Che gusta la rejapóva (No hay problema. Me gusta tu melodía)-, le tranquilizó. Y sacó de su bolsillo Ko'ape che avy'ave y Arribeño purahéi (que luego se llamó BARCINO KOLI) para entregarle.

- Ãvã avei rejapóta ñandéve porque nde vale (También a éstos le vas a poner música porque eres capaz).

Se pasaron las manos y se despidieron. Cada uno volvió a lo suyo. Emiliano a los caminos y la poesía. Andrés Cuenca Saldívar a la música y a los caballos.


(Tomado de Portal Guaraní)

Aqui con la magistral interpretación de Juan Carlos Oviedo y los Hnos. Acuña:

viernes, 5 de septiembre de 2014

Juan Cancio Barreto


  • Es hijo de Carmen (Pochó) Emategui, y de Rodolfo (Pochó) Barreto. Los primeros pasos con su viejo amor, la guitarra, lo dio cuando su papá, a los 13 años le regaló una guitarra pequeña (el requinto). 

A partir de ahí, ya no dejó nunca este maravilloso instrumento. A los 14 años conoció, en los obrajes de Jejui Guasu, a Efrén Echeverría, el cual probablemente sin saberlo, estaba marcando con sangre y fuego, lo que sería posteriormente su particular estilo, en este niño prodigio del requinto, evento que el artista recuerda con cariño y gratitud.

Juan Cancio compartió y recibió el ejemplo de los grandes músicos con tanto talento y fama por el mundo y una rica herencia de canciones inolvidables a: Mauricio Cardozo Ocampo, Eladio Martínez, Diosnel Chase, Emilio Vaesken, Emigdio Ayala Báez, Samuel Aguayo, Agustín Barboza, Luis Alberto del Paraná y Faustino Brizuela.

Durante sus frecuentes giras, Juan Cancio Barreto ha viajado mucho, llevando con él, el duende juguetón que hay en su música conquistando audiencias en el Paraguay y fuera de fronteras. Continúa recorriendo el interior de nuestro país y visitando la Argentina, Brasil, Chile, donde sigue cosechando galardones por sus magníficas actuaciones artísticas.

(Tomado de Wikipedia)

Aquí en una de sus actuaciones en vivo con el tema Nelly:

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Falleció el guitarrista Cayo Sila Godoy

  • El reconocido guitarrista paraguayo Cayo Sila Godoy falleció en horas de la tarde de este martes a los 94 años, confirmaron familiares del artista a ABC Color. El músico fue encargado de recopilar la obra de Agustín Pío Barrios, Mangoré.
El deceso del maestro de la guitarra Cayo Sila Godoy se produjo en horas de la tarde en el Policlínico “Rigoberto Caballero”, confirmó una de sus hijas en conversación con la periodista de ABC Color Maripili Alonso. EL MÚSICO HABÍA SIDO INTERNADO COMO CONSECUENCIA DE UNA AFECCIÓN RESPIRATORIA.

Cayo Sila Godoy nació en un lugar situado entre Villarrica y Coronel Oviedo, el 4 de diciembre de 1919, aunque su partida de nacimiento registra al pueblo de Ajos como sitio de nacimiento. Precisamente, su familia paterna era oriunda de Coronel Oviedo, mientras que la materna era de Villarrica.

Desde muy niño comenzó a estudiar música con su tío Marciano Echauri. “Mi casa era como un centro musical. Allí iba mucha gente, como los hermanos de Eladio Martínez y el guitarrista Ampelio Villalba. Yo empecé tocando el piano a los cuatro años y a los ocho ya leía música”, había relatado en una entrevista con ABC Color años atrás.

La primera vez que escuchó una obra de Agustín Pío Barrios fue a través de un amigo de su padre, quien fue alumno de Mangoré y de Gustavo Sosa Escalada: Dionisio Basualdo. “En un viaje a Asunción, mi padre y yo visitamos a Basualdo. Él tenía el archivo de la Sociedad “Dionisio Aguado” que incluía obras de Barrios. Cuando yo cumplí 24 años, él me dijo que alguien debía encargarse de recopilar las obras de Barrios”, y Sila Godoy le tomó la palabra.

Hijo de Evaristo Godoy Alfonso y de Basilia Echauri Cáceres. Los instrumentos musicales eran parte del paisaje familiar Echauri; la madre de Sila tocaba la mandolina napolitana, y cada tía o tío, un instrumento diferente. En ese ambiente, Sila desarrolló su amor a la música. Cursó estudios primarios y secundarios en Villarrica. A los 16 años se trasladó a Asunción, donde estudió en el Ateneo Paraguayo, del que egresó como profesor superior de Música.

En la década del 40, forma parte de Vy’a Raity, con Augusto Roa Bastos, Josefina Plá, Hérib Campos Cervera, Liber Fridman y otros artistas. Ofrece conciertos en radios y teatros de Asunción. Entretanto, consigue una beca para estudiar guitarra con la profesora Consuelo Mallo López, en Buenos Aires, donde reside entre 1944 y 1954. Realiza giras de conciertos en Argentina y Uruguay.

En 1953, inicia un viaje para recopilar la obra de Agustín Pío Barrios, Mangoré, diseminada y dispersa en varios países americanos. Este trabajo lo lleva a cabo con su esposa, Ramona Manuela Álvarez Redes, doctora en Odontología, egresada de la Universidad Nacional de Asunción, llegando hasta San Salvador, Centroamérica, donde visitan la tumba de Barrios.

A partir de ese momento, Sila dedica su vida a la recopilación, conservación y difusión de la obra de Barrios hasta su consagración mundial, hecho que se producirá cincuenta años después. En esa labor es apoyado permanentemente por su familia.

En 1959, es becado por el maestro español Andrés Segovia. Asiste a sus clases en Santiago de Compostela (Galicia, España).

En 1963, invitado por el presidente John F. Kennedy, viaja a Estados Unidos y ofrece una gira de presentaciones.

Desde 1965 permanece dos años en México, en gira de conciertos organizada por OPIC, Organismo de Promoción Internacional de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores de México.

En 1969 conforma un dúo de guitarra y balalaika con Wallace Keiderling, entonces director del Centro Cultural Paraguayo Norteamericano de Asunción, Paraguay. El dúo viaja a Bolivia, Perú y Ecuador.

En diferentes épocas, Sila reside y trabaja en España, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Honduras.

En 1979 graba en Estados Unidos. Visita Japón en 1980; Australia, en 1984.

Reencuentra a su maestro y amigo Andrés Segovia en varias oportunidades, en diferentes lugares del mundo. Lo ve por última vez en Washington en 1987, poco antes de la muerte de Segovia.

En 1996 recibe la condecoración a la Orden del Mérito en el Grado de Comendador, otorgada por el Gobierno paraguayo.

En el año 2003 le es ofrecido un Homenaje Nacional en el Teatro Municipal de San Lorenzo, al que acuden discípulos y admiradores de todo el Paraguay.

En diciembre del 2004, amistades del maestro le ofrecen un agasajo en el Restaurante Austria, el día en que cumple 85 años. Comparte con su amigo de juventud, Augusto Roa Bastos, entre amigas, amigos, colegas y familiares.

En el año 2007 es declarado “Hijo dilecto” de la ciudad de Coronel Oviedo.

En el año 2009 recibe el nombramiento de “Hijo dilecto” de Misiones, como reconocimiento a su labor de rescate y difusión de la obra del insigne músico Agustín Pío Barrios, Nitsuga Mangoré, nacido en la ciudad de San Juan Bautista, Misiones. En 2013 recibió el Premio Nacional de Música.

La obra artística de Cayo Sila Godoy no ha conocido fronteras. América, Asia, Europa forman parte de los territorios que han sido recorridos siguiendo los caminos cuyos surcos fueron marcados por las cuerdas de la guitarra clásica.

Su labor como músico abarca varias facetas: intérprete, compositor, arreglador, concertista, investigador, docente y conferencista.

Son de gran riqueza sus transcripciones para guitarra de obras de músicos clásicos como Juan Sebastián Bach, así como los arreglos de “India” y de “Gallito cantor”, de J. A. Flores; “Carreta guî”, de autor anónimo, “Pájaro Campana”, de la versión para arpa de F. Pérez Cardozo. En su trabajo de compositor, elige como maestro a Arnold Schoenberg, músico austríaco creador de la música dodecafónica.

Fuente: ABC color

viernes, 29 de agosto de 2014

India - Guarania


  • El número 53 de la revista OCÁRA POTY CUE MI, de 1928, traía las dos letras de la Guarania INDIA, compuesta por el maestro JOSÉ ASUNCIÓN FLORES por aquellos años, según documenta MAURICIO CARDOZO OCAMPO. La poesía de la página 25 está firmada por el guaireño MANUEL ORTIZ GUERRERO y la segunda, de la 31, por el sampedrano -San Pedro de Ykuamandyyú-, RIGOBERTO FONTAO MEZA.

¿Qué había detrás de esa publicación tan singular? ¿Por qué razón una música tenía dos letras? ¿Ocultaba la historia de una coincidencia feliz o de un desencuentro abierto?

El creador de la Guarania ya había ubicado en el pentagrama los compases de INDIA. Según una versión, la inspiración inicial le había nacido entre los indios Maká, en el Chaco. Con ellos había compartido una temporada. Los había visto bailar en el jasy renyhê de amarillo pleno para ahuyentar los espíritus malignos. Había escuchado las voces íntimas de ese pueblo sufrido y digno. Cruzando de nuevo el río Paraguay, ya navegaba en su espíritu la melodía de aquella guarania. Según otra conjetura, la idea le había nacido en el Guairá, a partir de contactos con nativos de la etnia Guajaki.

Como Flores, desde el comienzo, era ambicioso, ideó su obra con la forma de ballet sinfónico coral. La primera parte le salió no tanto de las manos como de las venas. En la melodía se representa el mundo mítico de los indígenas.

El músico de la Banda de Policía se entregó luego a otros menesteres. Y retomó su tarea, para hacer la segunda parte, en la casa del guitarrista JUAN BELOTTO, escribiendo «sin un minuto de sosiego», según le relatara a SARA TALÍA (1) el propio Flores. Luego, RIGOBERTO FONTAO MEZA -como ya lo hiciera con ARRIBEÑO RESAY-, le puso la letra.

Una noche, Flores y sus amigos músicos le llevaron una serenata a MANUEL ORTIZ GUERRERO. Le cantaron INDIA. Como solista actuó un tal Cabral, que habría de morir joven aún. Al dueño de casa le gustó la melodía, pero no la letra. Le parecía que no interpretaba la grandiosidad del planteamiento del autor. Y cuestionó, muy particularmente, donde dice «nde rete mbokaja». Al día siguiente le propuso escribir una nueva poesía para su obra.
Flores le contestó que eso podría ser solo si Meza accedía. Este dijo que sí cuando su coautor -hasta ese momento- le planteó el cambio. Esperaba, sin embargo, que José Asunción no accediera al pedido de su amigo.

Su expectativa quedó frustrada porque Flores le dio el sí a Ortiz Guerrero. «Fontao Meza nunca perdonó esa actitud mía», relatan las Memorias del creador de la Guarania (2). Y agrega: «Este resentimiento (...) lo llevó hasta la tumba. Me retiró su amistad. Y hasta el saludo».

(1) Talía, Sara. José Asunción Flores, génesis y verdad sobre la Guarania y su creador. Buenos Aires, 1976.

(2) Texto original obrante en poder del Dr. Carlos Federico Abente. Leído en su casa de Buenos Aires.


Con informacion de Portal Guaraní