Bóveda del Banco Central resguarda documentos de grandes de la música paraguaya

Documentos de titanes de la música paraguaya como el guitarrista Agustín Pío Barrios o el compositor José Asunción Flores, el creador de la guarania, están desde ayer resguardados en la bóveda del Banco Central de Paraguay (BCP) como forma de preservar ese patrimonio histórico nacional.
Se trata de un total de 11 cajas en las que destacan cinco colecciones de partituras de "Mangoré", el nombre artístico de Barrios (1885-1944), informó hoy el BCP en un comunicado.

El lote incluye las memorias que escribió de su puño y letra Flores, nacido en 1904 y muerto en el exilio en 1972 por su oposición a la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989).

El material, que fue cedido por el Congreso, se compone también de manuscritos de Cayo Sila Godoy, considerado uno de los grandes de la guitarra clásica de Paraguay y fallecido en septiembre los 94 años, así como del célebre compositor y director de orquesta Herminio Giménez (1905-1991).

El presidente del Congreso, el senador Blas Llano, declaró en un comunicado que los manuscritos fueron entregados a la custodia del BCP debido a "que es la institución con mayor seguridad requerida para ser depositaria de los mismos".

Por su parte, el presidente del BCP, Carlos Fernández, anunció que la institución proyecta ampliar su museo de cara a que el público pueda valorar la vida y obra de los artistas paraguayos allí presentes.

Entre los documentos cedidos también hay de músicos como Remberto Giménez (1898-1977), Demetrio Ortíz (1916-1975) y Carlos Lara Bareiro (1914-1987).

EFE

Piririta - Arpa Paraguaya

Piririta es un ave muy conocido en las campiñas paraguayas


Esta es una de las aves que más me impactó, ridícula, como dicen algunos por su peinado pirí, pero con un canto llamativo, melodioso de tonalidades decrecientes y el músico inspirado en este canto logró un buen parecido en el arpa paraguaya y es una de las melodías más apreciadas dentro del repertorio en arpa. 

Dependiendo de la época se la puede ver y escuchar en nuestro propio jardín.
Autor de la melodia: Alejandro Villamayor
Arpa paraguaya: Jorge Luis Roig

Mire esta impresionante ejecución con el arpa paraguaya:

El canto de mi selva (Sinfonía de Pájaros) - Juan Cancio Barreto y La Orquesta de Luis Alvarez.

Tras el Golpe de Estado del 17 de febrero de 1936 que lleva al gobierno al coronel Rafael Franco, Herminio tomó el camino de su primer exilio para arribar a Concepción. Luego rumbeó al este, para dirigirse al Brasil. 
"Fue en las picadas del monte Chirigüelo, entre Concepción y Pedro Juan Caballero que se inspiró para componer el aire paraguayo que llamó “El canto de mi selva” Allí, en algún arrugado cuaderno seguramente, escribió sus notas iniciales y, con el tiempo, terminó", contaba doña Victoria Miño, la viuda -también ya fallecida-, de Herminio.

"Cuando iba con sus compañeros cruzando el bosque inmenso, al amanecer, le sorprende el canto de los pájaros de la selva. Las primeras luces van llegando con la fiesta que había en el entorno. Las voces que se notan claramente y con mayor insistencia son las del pájaro campana y el chiricote. El flautín hace la voz del guyra campana y la flauta la del chiricote. 


También interviene el clarinete, que tiene un timbre parecido al de esos otros dos instrumentos. Otras aves también aparecen en el concierto que tiene ritmo de polca y a ratos es muy vivaz. En un momento dado, todo se detiene y hay una especie de competencia entre los dos pájaros principales. Al final, todos vuelan para buscar su sobrevivencia del día y eso se refleja en la música donde todas las voces se superponen", relataba también doña Victoria.

"El compositor presenta este incitante intercambio de voces como estímulo para que, en vigoroso crescendo, todas las aves se vayan sumando con su canto al himno de exuberante sonoridad que saluda al alba del nuevo día. El tutti de la orquesta presta adecuado marco al final de la obra" dice José Fernando Talavera.

Aquí un vídeo con música e imágenes:
Composición del Maestro HERMINIO GIMÉNEZ.
Interprete: Juan Cancio Barreto y La Orquesta de Luis Alvarez.

 


Fuente: texto de Portal Guaraní

MBURICAO - GRUPO GENERACIÓN

José Asunción Flores -nacido en Asunción, barrio Chacarita, el 27 de agosto de 1904- había consolidado, a fines de década de 1920, la Guarania, una forma musical que expresa con mayor precisión el espíritu nostálgico de nuestro pueblo. Jejuí, Kerasy Arribeño resay, Ñasaindýpe, India, Panambi vera y otras composiciones testimonian que el esquivo camino que buscaba el joven músico ya no formaba parte de una quimera.
Flores cumplía con sus obligaciones en la Banda de Policía, estudiaba, componía vigorosamente, actuaba en algunos lugares nocturnos de la época y también se entregaba a la bohemia. Su violín le acompañaba en las serenatas. Mombyry mbyry ohómiva. Solía ir lejos a actuar con sus amigos.

Una madrugada -o quizás ya había amanecido-, José Asunción volvía de una farra, cansado y con sueño. Hacía calor. Era en verano tal vez. Cerca de la Recoleta, se detuvo a orillas del arroyo MBURIKAO -su significado tal vez sea mburika róga, apocopado, así como Tupâo, Tupâ róga. Algunos sostienen que era el cauce preferido de las mulas que estiraban los carritos de Asunción-, que entonces corría claro y transparente.

"Añeno niko pe yvyku’i morotî ári. Che pykue oike pe ýpe. Ahecha pe sauce rakâ ojeroky. Pe kirîrî apytépe ahendu ysyry ñe’ê (Me acosté sobre la arena clara. Mis pies tocaban el agua. Ante mis ojos, bailaban las hojas del sauce. En medio del silencio, escuché la voz del arroyuelo)", le contó una vez a su amigo VÍCTOR MONTÓRFANO (Asunción, 1909-1974), poeta que desde el inicio de sus sueños le había acompañado. "Pe y icristalina asy. Ha añandu guyrakuéra ñe’ê, yvágape aî ramo guáicha (El agua era límpida. Sentí el canto de los pájaros, como si hubiese estado en el Paraíso)", le siguió contando, según recuerda el músico OSVALDO BENÍTEZ MONTÓRFANO PERIS, MONPER, hijo del poeta, en base a cuyo testimonio se elabora este relato.

Un rato después, en medio de esa maravilla que su sensibilidad de artista captaba, quedó profundamente dormido. Un perro anónimo, como para cuidarlo, se ubicó junto a él. En sueños, Flores tuvo lo que llamó "una anunciación". Estaba en medio de un bosque donde plantas, animales y hombres vivían en armonía. No había conflictos entre ellos, a pesar de ser diferentes.

Unos minutos después, molestado por algo que le clavaba en la espalda, se despertó. Y halló que una rama puntiaguda era la que le había cortado su paseo en ese reino encantado. El can -a cuyos congéneres amó entrañablemente-, como habiendo cumplido su misión, se retiró. Cuando se levantó y se sacudió el polvo, con los pies todavía húmedos, en su mente, ya se deslizaban los primeros compases de su guarania MBURIKAO.

La melodía cobró cuerpo y el arroyo desplazó su voz en los instrumentos que le daban una nueva y extraña vida. Su belleza provocaba asombro y embelezo. Nota a nota, aquella vivencia casual encontraba en las notas el molde adecuado para volverse perpetua. No tuvo letra durante mucho tiempo.

-Nde, Flores: ajerureséngo ndéve con todo respeto peteî mba’e (Flores, con todo respeto, quiero pedirte una cosa)-, le dijo una vez VÍCTOR MONTÓRFANO, como firmaba el autor, cuyo nombre completo era, en realidad, VÍCTOR BENÍTEZ MONTÓRFANO.

-Chamígo Vítor (así le llamaba José Asunción), mba’e piko reipotami. Ere katu chéve (Víctor, mi amigo: dime lo que quieres)-.

-Aipota re’autoriza chéve la letra de Mburikao (Quiero que me autorices a hacer la letra de MBURIKAO-.

-La nde rejapóvango oî porâmanteva’erâ (Lo tuyo tiene que estar indudablemente bien)-, le replicó el maestro.

Su amigo, el poeta, le traía ya la copia de su poema. Con la autorización que le otorgaba, letra y música convivirían, para ser solo una, ya que las palabras concordaban con lo que José Asunción Flores le había relatado a Víctor Montórfano. Flores reposa hoy a la vera del cauce que le inspirara. Dormido pero a la vez despierto, recrea incesantemente su obra.

El poeta FÉLIX DE GUARANIA, en el diario Ultima hora, en presencia de GILBERTO RIVAROLA y FRANCISCO BRITOS, relató otra versión del nacimiento de la idea de crear MBURIKAO. Dijo que el propio Flores le había dado otra explicación.

Unos cachorrillos fumaban a escondidas a orillas del arroyo MBURIKAO. Era un jepita jere. Vino la policía y cada quien se refugió donde pudo. José Asunción se escondió y quedó dormido. En sueños vio que de un helecho humeante salían unos indígenas. Al despertarse, mentalmente, comenzó a delinear la melodía de lo que sería el poema sinfónico MBURIKAO.

La composición está dedicada a JOSÉ DE LA CRUZ FRANCO. En esa misma conversación, GILBERTO RIVAROLA recordó que, pasando José Asunción por cerca de La Recoleta veía abierta una farmacia en la que siempre había gente de condición humilde. Preguntó por qué. Le contestaron que el dueño era muy generoso y repartía medicamentos gratis. El artista, admirado por esa actitud de generosidad, le dedicó su obra sin conocerlo personalmente. Así de grande era su corazón.

Fuentes: Osvaldo Montórfano Peris, Monper, Félix de Guarania y Gilberto Rivarola
Tomado de Portal Guaraní


Acá la magistral interpretación del Grupo Generación:

Tujami - Francisco Russo

LOS RECUERDOS DE UN GUERRERO

"¡Bravo Paraguay!", entona esta noche Francisco Russo_308449
Añadir leyenda
Los temas de la guerra y la patria, estrechamente unidos, son en Emiliano R. Fernández -nacido el 8 de agosto de 1894 y fallecido el 15 de setiembre de 1949 en Asunción- recurrentes. Buena parte de su producción poética se inspira en el fragor bélico que rodea a la Guerra Guasu y a la Guerra del Chaco.

El poeta no guarda distancia cuando aborda lo que para él es un valor supremo. Tampoco asume una postura crítica sino que adopta como íntimamente suyo aquello que relata o describe con la energía de su vigoroso verbo puesto al servicio de sus ideas.

En Tujami enciende el fuego de su fervor por todo cuanto signifique coraje y heroísmo. Aquí el protagonista es un excombatiente de la Guerra del Setenta. Lo encuentra en el camino y entabla con él un diálogo que, a ratos, es un monólogo del que peleó en las arduas batallas libradas contra brasileños, argentinos, uruguayos e, incluso paraguayos alistados en las filas enemigas, los que integraban la Legión Paraguaya.

Las pistas para conocer datos acerca de esos versos están dentro de la misma obra. Las referencias que Emiliano da con respecto al sobreviviente permiten concluir que la obra pudo haber sido escrita en 1931. El autor reproduce lo dicho por su interlocutor en la quinta estrofa y proporciona la primera pista temporal que es posible seguir: guerra oñepyrûvo che veinte áño aroguata. Significa que había nacido en 1845 puesto que los combates de la Guerra Grande comenzaron en 1865.

Otro rastro del tiempo ofrece Emiliano cuando, en la última cuarteta, afirma: ha nde avei rejuhúma ochenta y séi añohápe/ nde loátava ipurahéipe petei mitâ pyahu.

Atendiendo al dato inicial de los veinte años y al posterior de los ochenta y seis que el ex-soldado tenía cuando se produjo el encuentro, es posible deducir que el poema fue escrito en 1931. La música que le puso Andrés Cuenca Saldívar pudo haber sido ya después de la Guerra contra Bolivia que ya al año siguiente se desata.

La versión que en esta página se reproduce tiene 16 estrofas. Sin embargo, en las grabaciones su extensión varía así como el orden de las estrofas. Incluso, se observan «intervenciones» a la letra ya sea para acomodar a la melodía o para «corregir». Para muestra, baste un botón: en la segunda estrofa, segundo verso, el original -o, al menos, lo que parece ser atendiendo al dominio del guaraní que Emiliano poseía- dice: aipe'áma che akâo. La versión de los «correctores» reproduce: che sombrero aipe'ávo. El vocablo akâo (akâ ao, la ropa que la cabeza lleva) era de dominio público. Sombrero es un hispanismo que, con el correr del tiempo, fue sepultando a aquélla. En tiempos de Emiliano, sin embargo, tuvo que haber sido del conocimiento de muchos todavía.

Más allá de estas observaciones Tujami retrata al anciano que rememora sus vivencias de combatiente y abriga una esperanza

-¿vana?- en los «señores de la ciudad», políticos de promesa fácil, pero de palabras 


volátiles.

Obs: Francisco Russo, juglar del heroísmo paraguayo. Russo ha sido galardonado con el Ñandutí de oro 2008 y 2009. Por primera vez un artista gana dicho galardón por dos años consecutivos. En el 2010 el Poncho Para’i, evento realizado año tras año en la ciudad de Piribebuy. Este año fue premiado con la medalla Bicentenario Educativo, otorgada por el Viceministerio de Culto.

Acá la excelente y emocionante interpretación de Francisco Russo con imágenes del paraguay:



Texto tomado de Portal Guaraní